El proceso de divorcio implica no solo la disolución de una relación, sino también diversos cambios en la vida y los bienes de los miembros de la familiar, también en la posesión de la vivienda familiar.
La vivienda es uno de los aspectos del divorcio que suele producir mayores conflictos entre las partes, sobre todo si hay menores, puesto que, teniendo en cuenta como primordial su interés, la decisión de un juez sobre la vivienda se puede ver afectada.
En este artículo, exploramos las principales opciones y soluciones disponibles para gestionar la posesión de la vivienda tras un divorcio
¿Qué ocurre con la vivienda tras un divorcio?
Cuando una pareja se divorcia, la situación de la vivienda es una de las más complejas, ya que afecta tanto a los derechos de los cónyuges como a los de los hijos, si los hay. No solo hay que tener en cuenta el carácter patrimonial de la vivienda, sino elementos emocionales y prácticos. Por tanto, hay que tener especial cuidado a este respecto, sobre todo ante la existencia de hijos que se encuentren en la vivienda. La forma en que se resuelva el destino del inmueble dependerá de varios factores (quién ostenta su propiedad, cuántos hijos hay, qué necesidades tienen y cuál es su rutina diaria, la capacidad económica de los cónyuges, etc.)
Opciones para gestionar la posesión de la vivienda tras el divorcio
1. Que uno de los cónyuges se quede con la vivienda
Una de las soluciones más comunes es que uno de los cónyuges se quede con la vivienda familiar, especialmente si hay hijos menores de edad que necesitan un lugar estable para vivir. En este caso, el cónyuge que se queda con la vivienda suele asumir el derecho de posesión exclusivo, mientras que el otro cónyuge puede recibir una compensación económica o acordar otras condiciones.
¿Cómo se toma esta decisión?
• Interés superior de los hijos: Si hay hijos, los tribunales suelen priorizar que los menores sigan viviendo en la misma casa en la que han crecido para no afectar demasiado su estabilidad emocional. Esto es especialmente relevante si los hijos son pequeños o dependen de la proximidad de la vivienda para ir al colegio, tener contacto con sus amigos, o estar cerca de su círculo familiar.
• Capacidad económica: El cónyuge que se quede con la vivienda deberá asumir los gastos relacionados con ella, como el pago de la hipoteca (si la hay), los impuestos y el mantenimiento. Es importante que este cónyuge tenga la capacidad económica para afrontar esos gastos.
El cónyuge que abandona la vivienda no pierde necesariamente sus derechos sobre la misma, especialmente si es copropietario, pero su posesión exclusiva será temporalmente cedida al otro, bajo las condiciones que se determinen.
2. Venta de la vivienda y reparto del valor
Si ambos cónyuges no desean quedarse con la vivienda o si ninguno puede asumir los gastos de mantenerla, una opción es vender la vivienda y repartir el dinero obtenido de la venta de manera equitativa. Este acuerdo puede ser particularmente adecuado cuando los cónyuges ya no desean compartir el inmueble y prefieren liquidar el bien para repartir el dinero, lo cual facilita la división de bienes.
Consideraciones adicionales
• Derechos de los hijos: Es fundamental que cualquier acuerdo sobre la vivienda tenga en cuenta el interés superior de los hijos. La vivienda no solo es un bien material, sino también un lugar de seguridad y estabilidad para los menores.
• Acuerdo entre las partes: En la medida de lo posible, los cónyuges deberían intentar llegar a un acuerdo amistoso sobre la gestión de la vivienda, ya que esto evitará conflictos adicionales y reducirá los costos de los procedimientos judiciales.
• Asesoría legal: Debido a la complejidad que puede implicar la división de bienes, incluidos los derechos sobre la vivienda, es recomendable contar con la asesoría de un abogado especializado en derecho de familia para garantizar que los acuerdos sean justos y legales.
• Valor de mercado: Antes de vender la vivienda, es importante realizar una tasación adecuada para conocer su valor real y poder negociar el reparto de manera justa.
• Acuerdo sobre el reparto: En general, el reparto del dinero de la venta suele hacerse en función de la participación de cada cónyuge en la propiedad. Si ambos son propietarios al 50%, lo más común es que se repartan el dinero de manera equitativa. Sin embargo, si uno de los cónyuges aporta una mayor cantidad de dinero o asume una mayor carga en el proceso, se puede acordar un reparto diferente.
3. Mantenimiento de la vivienda para los hijos con compensación económica
En situaciones en las que uno de los cónyuges desea quedarse con la vivienda para que los hijos continúen viviendo allí, pero el otro cónyuge no puede asumir los gastos de la hipoteca o de la manutención, es posible acordar que el cónyuge que se queda con la vivienda pague una compensación económica al otro, ya sea en forma de pensión alimenticia o en otro acuerdo económico. Esto se puede acordar en el convenio regulador del divorcio o, si no hay acuerdo, será decidido por el juez.
Este acuerdo tiene como objetivo equilibrar los intereses de ambos cónyuges y asegurar que el cónyuge que asume el mantenimiento de la vivienda no quede en una situación económica desfavorable.
4. Uso y disfrute temporal de la vivienda
En algunos casos, uno de los cónyuges puede solicitar el uso y disfrute temporal de la vivienda, especialmente cuando hay hijos menores. Esto significa que, aunque no se quede de forma permanente con la propiedad de la vivienda, se le permitirá seguir viviendo en ella durante un tiempo determinado para asegurar la estabilidad de los hijos. El plazo durante el cual el cónyuge puede vivir en la vivienda variará según las circunstancias y el acuerdo que se alcance. A menudo, este uso temporal está condicionado a la situación económica y familiar de los cónyuges.
5. División en partes iguales
Si la vivienda está a nombre de ambos cónyuges (copropiedad), se puede decidir una división en partes iguales, en la que cada uno de los cónyuges tendrá derecho al 50% de la propiedad. Esto puede incluir opciones como:
• Vender la vivienda y repartir el beneficio.
• Que uno de los cónyuges compre la parte del otro si tiene la capacidad económica para hacerlo, y de este modo, quedar como único propietario.
6. Subrogación hipotecaria
Si la vivienda tiene una hipoteca, y uno de los cónyuges desea quedarse con la propiedad, puede optar por subrogarse en la hipoteca. Esto significa que el cónyuge que se quede con la casa asume la deuda hipotecaria de forma exclusiva, y el otro cónyuge queda liberado de esa obligación. Sin embargo, esto debe ser aprobado por la entidad financiera, que evaluará la capacidad de pago de la persona que asume la deuda.
Consideraciones adicionales
• Derechos de los hijos: Es fundamental que cualquier acuerdo sobre la vivienda tenga en cuenta el interés superior de los hijos. La vivienda no solo es un bien material, sino también un lugar de seguridad y estabilidad para los menores.
• Acuerdo entre las partes: En la medida de lo posible, los cónyuges deberían intentar llegar a un acuerdo amistoso sobre la gestión de la vivienda, ya que esto evitará conflictos adicionales y reducirá los costos de los procedimientos judiciales.
• Asesoría legal: Debido a la complejidad que puede implicar la división de bienes, incluidos los derechos sobre la vivienda, es recomendable contar con la asesoría de un abogado especializado en derecho de familia para garantizar que los acuerdos sean justos y legales.
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